Viaje a través de España en los años

1786-87

Joseph Townsend

 

Camino de Córdoba: Bailén,Andujar, El Carpio, Córdoba. Bandoleros. La caridad causa de pobreza
de Madrid a Cádiz

A medida que nos alejábamos de esta pequeña colonia iban desapareciendo las señales que delataban la presencia del hombre; pero al acercarnos a Bailén atravesamos extensos olivares que pertenecían, al igual que esta población y una gran parte del territorio que se extiende a su alrededor, a la condesa de Peñafiel. En el camino vimos el pueblo de Baños y su castillo, que se asienta sobre una colina desde la que se divisa un dilatado panorama. Después de salir de Bailén entramos en un bosque y vimos en la cima de una colina una cruz conmemorativa; más adelante dejamos a la derecha a Zoguega y su convento y llegamos a la venta de Sequaca.

Después de comer nos dirigimos, a través de grandes encinares y olivares, a Andújar. La roca, allí donde los torrentes la dejan al descubierto, parece estar compuesta por un granito duro de las variedades roja y blanca. Andújar se encuentra en una llanura fértil y muy cultivada. Cuenta con seis mil ochocientas familias, cinco parroquias y diez conventos, y carece de industrias. El castillo, que se lo conquistó Fernando III el Santo a los moros en 1225, parece muy antiguo.

Eran las cinco de la mañana del jueves 22 de febrero, y ya habíamos salido de Andújar, cruzado el puente sobre el Guadalquivir y entrado en un olivar, cuando todos mis acompañantes armaron sus pistolas y se apostaron junto a las ventanas, mientras un soldado también armado caminaba junto al coche. Los cocheros, por su parte, habían recibido la orden de detenerse inmediatamente si aparecía alguien. Creo que estas precauciones eran innecesarias, pues era bien sabido que íbamos armados; sin embargo, como ya se habían producido robos cerca de la ciudad, consideraron oportuno estar preparados. Cuando amanecía, el camino discurrió por un territorio más abierto, por lo que nuestros temores desaparecieron y mis compañeros
volvieron a echar el seguro a sus armas.

Todas las colinas por las que pasamos, que cierran al río por el Norte, están cubiertas de una grava suave y redondeada de naturaleza caliza, y de algunos pedernales; pero cerca de El Carpio la roca parece ser una mezcla de arenisca silícea y mica, materiales ambos que evidentemente derivan de la descomposición del granito.

En El Carpio hay setecientas setenta casas, un viejo castillo, una casa de postas y una posada bien construida. Tan pronto como llegamos presentamos nuestros respetos al corregidor y le mostramos nuestros pasaportes, para así asegurarnos un buen recibimiento en la posada. Tomamos esta precaución porque en una ocasión uno de mis compañeros discutió con el posadero e hizo que le enviaran a la cárcel por haber intentado apuñalarle. El hombre se mantuvo al margen; pero su mujer estaba dispuesta a vengarse, e hizo todo lo que pudo, que no era mucho, para mostrar su resentimiento. Así, nos asignó una habitación miserable que disponía únicamente de cuatro colchones extendidos directamente sobre el suelo. Temiendo que las pulgas nos devorasen, preferí dormir en el coche. Me desperté a medianoche al oír ruido de pisadas, y como vi una lámpara, me armé para ver quién merodeaba por allí. Yo estaba donde nadie podía verme, y al mismo tiempo la luz me permitía ver con claridad todo lo que pasaba. Se trataba de un arriero que buscaba algo que poder robar. Primero miró en la cocina, y después en el corredor que comunicaba con las habitaciones, cuyas puertas trató de abrir; pero al comprobar que estaban cerradas, se dirigió al coche. Al verme, regresó rápidamente al establo y se escondió.

Aquí las provisiones están baratas. No matan carnero, y la libra de treinta y dos onzas de carne de vaca, cabra o chivo cuesta dieciséis cuartos. La tierra de los alrededores es muy fértil. Pertenece en su mayor parte a la duquesa de Alba, a quien se la administra, y parece que bien, el corregidor. Los olivares, que son muy extensos, están formados por ejemplares jóvenes y vigorosos, y no gastados por los años como los de la condesa de Peñafiel.

Cerca de Córdoba, las colinas más altas se encuentran cubiertas de pedernales, rocas lisas de arena caliza, arenisca silícea y granito. Al acercarnos al río descubrimos un lecho de grava de todos los materiales que acabamos de mencionar que tenía un espesor de doce o catorce pies. Córdoba se asienta en una dilatada llanura cerrada al Sur por prominentes colinas cultivadas que constituyen una prolongación de Sierra Morena. Por mitad del llano corre el Guadalquivir, y toda la región se encuentra bien arbolada, recibe bastante agua y está bien cultivada, lo que le proporciona una riqueza y una belleza insuperables. Se trata de un lugar encantador en el que pude disfrutar por primera vez desde que salí de Barcelona de la presencia de abundantes higueras, palmeras y naranjos. La ciudad tiene treinta y dos mil habitantes, catorce parroquias y cuarenta y cuatro conventos. Lo primero que hice al llegar fue presentarme al intendente con una carta del conde de Floridablanca. Me recibió con amabilidad e insistió en que me quedara más tiempo; pero por desgracia tenía compromisos que me obligaban a marchar al día siguiente. Sólo me dio tiempo paa visitar la catedral, que me agradó en extremo.

Sus numerosas columnas dispuestas en tres bolillo semejaban un bosquecillo de pequeños árboles. No tuve tiempo de contarlas, pero me parece que son muchas más que las ochocientas que dicen que hay. Las dimensiones de este edificio, que fue antiguamente mezquita, son quinientos diez pies de longitud y cuatrocientos veinte de anchura.

Me llamó mucho la atención la gran cantidad de pobres que se ven por todas las calles; y después de preguntar, encontré la explicación a este hecho en la dañina benevolencia del obispo, de los canónigos y de los conventos, que acostumbran a repartir limosnas entre todos aquellos que se las piden. Las rentas del obispado ascienden a ochenta mil quinientos ducados al año (8.843 libras), que constituyen la fuente de donde manan las limosnas que todos los días reparte alternativamente a hombres y mujeres el obispo, quien en ocasiones ha llegado a socorrer de esta forma a más de setecientas personas en una sola jornada. Además de dinero, distribuye diariamente treinta fanegas de trigo; sin embargo, a pesar de esta más que generosa ayuda que reciben los indolentes y los viciosos, se dice que muchos murieron el año pasado de hambre.

Las enfermedades más extendidas son las tercianas y las fiebres tifoideas, que tienen su origen en la gran cantidad de pepinos y melones que acostumbran a comer no sólo durante el verano, sino desde el principio de la primavera.

La libra doble de carne de vaca cuesta trece cuartos; la de carnero, quince, y la de cerdo, veintidós. El cuartillo de vino se vende a seis cuartos, lo que equivale a alrededor de un chelín el galón. Los jornales están a tres reales cuando se incluye la comida, y a siete u ocho si no va incluida.

Córdoba tuvo el honor de ver nacer en su seno a Séneca y a Lucano; y cuando, una vez que hubo sometido
el sur de España, Abderramán estableció aquí su corte, en el 759, las artes, las ciencias y las armas, que estaban en decadencia en todas partes, se establecieron y florecieron en esta ciudad.

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